Llevo dos intentos de publicación y he pasado más de una hora mirando la hoja en blanco esperando a que alguna idea maravillosa llegue a la punta de mis dedos y ésta comience a posarse y tomar forma en cada una de las teclas que serán presionadas una y otra vez para formar un párrafo, que a su vez formará un pequeño relato cotidiano o chaqueta mental que me recuerde lo mucho que me gustaba, por ejemplo, pararme sobre el metro cuadrado de pasto que vive en la azotea de la casa de mis padres, en el jardín donde disfrutaba el aroma de las plantas al acariciarlas.
Me alejo de mi objetivo principal, me alejo de manera sutil de mi camino trazado, me alejo caminando sólo con la punta de los dedos de los pies, me alejo de manera poco precisa, soltando todo, despertando del sueño donde imagino que caigo entre una espiral infinita, gris. Estoy de vuelta aquí sentado en la misma silla donde comencé a redactar esto, con los ojos inyectados por desvelarme anoche, pensando en que soy pésimo redactando, nunca seré escritor ni algo parecido, sólo hago la mímica de vomitar palabras.