20 marzo 2013

Entiendo que esto llamado vida es una suerte de azar arreglado por un señor que nos mira desde lo alto, con su barba blanca y su bastón enorme sostenido por su mano derecha.

Imagino un gran estadio, lo suficientemente grande para darle lugar a cada uno los humanos que ha tenido la capacidad mental de darle vida a un dios judeo-cristiano. Los imagino gritándole, rogándole indulgencia, perdón, escudriñando cada uno de sus movimientos, esperando formar parte de su campo visual angustiado, harto de ver junta a toda su creación creada creyente. Lo imagino ahí, cansado de mirar, con los pies puestos en tierra no fertil, levantando polvo tras sus pasos.

Imagino al mismo dios y a la gente en estado de shock, compartiendo el mismo suplicio: Sentirse observados por el ojo crítico de una gigante detrás de un microscopio.

19 marzo 2013

Iba a empezar a escribir esta entrada con el típico "Me dedico a coleccionar momentos", pero no quiero caer en el lugar común ni en la melancolía que era típica de este espacio.


Y así me quedo sin palabras.

15 marzo 2013

Hoy estoy seco para escribir. 

Llevo dos intentos de publicación y he pasado más de una hora mirando la hoja en blanco esperando a que alguna idea maravillosa llegue a la punta de mis dedos y ésta comience a posarse y tomar forma en cada una de las teclas que serán presionadas una y otra vez para formar un párrafo, que a su vez formará un pequeño relato cotidiano o chaqueta mental que me recuerde lo mucho que me gustaba, por ejemplo, pararme sobre el metro cuadrado de pasto que vive en la azotea de la casa de mis padres, en el jardín donde disfrutaba el aroma de las plantas al acariciarlas. 
Me alejo de mi objetivo principal, me alejo de manera sutil de mi camino trazado, me alejo caminando sólo con la punta de los dedos de los pies, me alejo de manera poco precisa, soltando todo, despertando del sueño donde imagino que caigo entre una espiral infinita, gris. Estoy de vuelta aquí sentado en la misma silla donde comencé a redactar esto, con los ojos inyectados por desvelarme anoche, pensando en que soy pésimo redactando, nunca seré escritor ni algo parecido, sólo hago la mímica de vomitar palabras. 

14 marzo 2013

Recuerdo sus brillantes ojos redondos y el cabello negro y corto, sus dedos largos y su voz. La misma voz que reconfortaba al escucharse, que llamaba al sueño y que seducía lento. 

Tenía la piel hecha un mapa blanco, marcada con todas las historias de todas las personas que la habían tocado y lastimado; tienía la piel llena de historias que acumulaba día a día, que ensayaba, que bailaba, que jugaba entre labios para contársela, cuando llegara el momento, a su primer nieta: reflejo cristalino de sus ojos grandes y su alma cansina. 



12 marzo 2013

En la empresa donde trabajo, hay una señora de limpieza que todos los días pasa ofreciendo golosinas, trae siempre las mismas bolsas: una llena con chicharrones y la otra con una variedad extraña entre golosinas saladas y dulces.

El día que llegó a ofrecer sus productos la miré extrañado, en mi corto periodo laboral nunca había conocido a alguien que ofreciera golosinas de lugar en lugar, con la misma sonrisa impresa en la boca y con el tino para saber qué gustos tiene qué persona; el día que llegó, arrastrada por una de sus compañeras [teníamos unos días de habernos mudado al nuevo edificio] lo primero que me ofreció fue una barra de dulces americanos con colores vibrantes. 

Toda una ola de recuerdos vino a tirarse desde el recuerdo más lejano que pudiera tener de mi infancia. Recordé la casa de mi abuela materna, los juegos en la primara, las maromas que me daba entre las ramas de los árboles del jardín de casa de mi abuelo, las corretizas que nos ponían los perros que vivían cerca de la escuela donde estudié la primaria, mi madre embarazada de mi hermana menor, mi padre y sus heridas en los brazos, mi primer beso, la muerte de mi abuela y de mi tío, mi primer coche, y la primera vez que la miré a los ojos.

En cuanto destapé de forma atropellada el primer cuadro de dulce y lo puse frente a mi nariz para olerlo, recordé todo, y agradecí en silencio, con la nostalgia hecha nudo y viviendo feliz cómo está buenos días en mi cuello. 

Mi madre vendía los mismos dulces de lugar en lugar en la oficina donde trabajaba. Fue una de las etapas más difíciles que hemos pasado como familia y de alguna manera confusa, ha sido una de las etapas más felices que recuerdo de toda mi vida.

11 marzo 2013

Quizás esta racha de tontería se me quite tirándome de algún lado.

08 marzo 2013

Pongo mis lentes a un lado de mi computadora. Para explicarlo mejor: Pongo mis lentes en el lado izquierdo de la computadora que temporalmente me han asignado en el trabajo.

Pongo mis lentes, una mezcla entre plástico, metal y grasa de mi cara que hábilmente se queda guardada entre las pequeñas piezas que los sostienen, en el lado opuesto a mi brazo diestro. Con las posibilidades anuladas en caso de siniestro nos tenemos que bajar rápido porque está temblando.

Se quedan ahí, volteados, junto a la taza blanca que tiene el fondo azul ridículo que se materializa en una pirámide maya cuando tiene café dentro, misma taza que está del mismo lado izquierdo, mismo lado izquierdo, mismo destino en caso de siniestro, vaya casualidad de posición y esperanza.

La mezcla entre plástico y metal espera paciente, apenas desesperada.

06 marzo 2013

Por alguna razón [quizás la rutina que genera la edad], siempre coloco la taza de café entre el teclado de la computadora portátil y la orilla que hace las veces de curva donde plácidamente puedo acomodarme para quedar en el mejor lugar de todo el escritorio que ocupo para trabajar. A veces imagino que de mi nariz caen pedazos de mocos secos directo a la taza, algunas otras veces los imagino rebotando contra el borde de la blanca, desafiando su destino: algún papel arrugado dentro de un cesto de basura de un baño en algún tercer piso de cualquier edificio.

La citada taza tiene un grabado a la mexican style [qué bonito se lee en itálicas]: "Chichen Itzá, Cultura Maya, Cancún, México", presumiendo una serie de rayas acostadas que la hacen de pirámide, con fondo azul, cómo no, para amenizar con el pálido color del instrumento para tomar el agua negra que te regresa a la vida. 


05 marzo 2013

Val.

No se me olvidan esos ojos, ni esa sonrisa perfecta, ni sus palabras acertadas, ni las noches que tocaba manejar hasta el cerro y bajar de nuevo.

De las personas con las que he compartido, no tengo ni la más remota duda [a pesar del cortísimo tiempo que tuvimos juntos], que ha sido el cariño más sincero que he tenido por alguien.
Esta es la entrada 601 de este blog aburrido y personal, 600 posts atrás intenté plasmar las cosas que pasaban por mi cabeza en el día a día.

Sigo pensando que soy un vagabundo que golpea una caja de pizza creyendo que el fondo de ésta es un teclado y la tapa es la pantalla. Todo este juego imaginario se lo debo a la cantidad de grasa que dejo al final del día en todo mi espacio de trabajo, grasa de procedencia no conocida ya que lavo mis manos de manera regular y evito tocarme la cara a toda costa.

A veces creo que sí es real este juego imaginario, que voy colectando cosas para hacerme creer que es mi casa, que esta vereda es mi camino de todos los días, que esta piedra es mi teléfono, esta lata vacía mi taza del café, este periódico de hace dos años mi portafolios.

A veces creo que mi tiempo como vagabundo ya debe estar llegando a su fin en algún hospital, con un par de balas incrustadas entre los ojos.

04 marzo 2013

Hoy traje un ratón a la oficina.