14 marzo 2013

Recuerdo sus brillantes ojos redondos y el cabello negro y corto, sus dedos largos y su voz. La misma voz que reconfortaba al escucharse, que llamaba al sueño y que seducía lento. 

Tenía la piel hecha un mapa blanco, marcada con todas las historias de todas las personas que la habían tocado y lastimado; tienía la piel llena de historias que acumulaba día a día, que ensayaba, que bailaba, que jugaba entre labios para contársela, cuando llegara el momento, a su primer nieta: reflejo cristalino de sus ojos grandes y su alma cansina. 



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