31 mayo 2011

Bailamos lento, tengo una mano en tu cadera y la otra sujeta tu mano que no toca mi hombro. 
Escucho tu respirar agitado.
Estás llorando.
Te abrazo, intento escuchar tu explicación al llanto y te sigo abrazando.
No sé si lo húmedo de mi camisa era nuestro sudor o tus lágrimas.
Nos llenamos de humo los pulmones.
Tomo tu mano.
Me besas.
Te beso.
Espero afuera de cualquier lugar.
Me regalan un par de secretos unas desconocidas.
Esperamos.
Esperamos.
Esperamos.
Esperamos.
Esperamos.
Tropezamos.
Descansamos apoyados en una pared.
Desconocidos.
Rutas equivocadas.
Caminos de vuelta confusos.
Ya valió madre.
Tus ojos cerrándose.
Las piernas colgando en un sillón trasero.
Drive.
Madera aérea.
Tres búsquedas.
Un reproche.
Descanso.


18 mayo 2011

De gatos que brincan por las azoteas.

Acabo de tener uno de los sustos más grandes desde que vivo en el cuarto que está en la azotea de mi casa: Se brincó un gato güero.

Escuché clarito cuando aterrizó en el suelo, habrán pasado dos o tres segundos cuando vi una cabeza de gato güero asomarse entre la pared amarilla y la puerta blanca de metal. Ahí estaba, mirándome con sus pupilas dilatadas.
Habrá durado poco el enfrentamiento, un parpadeo y ya no estaba, se fue corriendo a la lavanda para tomar impulso y brincar a la azotea de la otra casa y seguir brincoteando como hacen todos los gatos güeros, pero falló en su intento y nada más la quebró. En su intento desesperado por escapar de mis gritos de homínido alfa, pegó de brincos en otros lados de la azotea, rompiendo más plantas y fallando su escalada. Aún no entiendo cómo logró bajar y no poder subir.

Finalmente encontró la salida corriendo hacia mi, vio una escalera escondida, la trepó y salió airado por el tejado donde está el tanque de gas, echó una mirada atrás y caminó con desprecio. Me dejó con el corazón acelerado y un par de gritos ahogados en la garganta.

10 mayo 2011