Pongo mis lentes a un lado de mi computadora. Para explicarlo mejor: Pongo mis lentes en el lado izquierdo de la computadora que temporalmente me han asignado en el trabajo.
Pongo mis lentes, una mezcla entre plástico, metal y grasa de mi cara que hábilmente se queda guardada entre las pequeñas piezas que los sostienen, en el lado opuesto a mi brazo diestro. Con las posibilidades anuladas en caso de siniestro nos tenemos que bajar rápido porque está temblando.
Se quedan ahí, volteados, junto a la taza blanca que tiene el fondo azul ridículo que se materializa en una pirámide maya cuando tiene café dentro, misma taza que está del mismo lado izquierdo, mismo lado izquierdo, mismo destino en caso de siniestro, vaya casualidad de posición y esperanza.
La mezcla entre plástico y metal espera paciente, apenas desesperada.
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