20 marzo 2013

Entiendo que esto llamado vida es una suerte de azar arreglado por un señor que nos mira desde lo alto, con su barba blanca y su bastón enorme sostenido por su mano derecha.

Imagino un gran estadio, lo suficientemente grande para darle lugar a cada uno los humanos que ha tenido la capacidad mental de darle vida a un dios judeo-cristiano. Los imagino gritándole, rogándole indulgencia, perdón, escudriñando cada uno de sus movimientos, esperando formar parte de su campo visual angustiado, harto de ver junta a toda su creación creada creyente. Lo imagino ahí, cansado de mirar, con los pies puestos en tierra no fertil, levantando polvo tras sus pasos.

Imagino al mismo dios y a la gente en estado de shock, compartiendo el mismo suplicio: Sentirse observados por el ojo crítico de una gigante detrás de un microscopio.

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