14 septiembre 2006

Crónica uno.

Qué hermoso es detenerse, dejar que el cabello caiga entre los hombros y agacharse a contemplar al gusano, que camina sin prisas entre los adoquines de la calle que viene a interrumpir el romance entre la acera de enfrente y la acera, de enfrente también. El gusano se comprime, junta sus diminutas patas unas con otras, respira un poco y se expande, da el siguiente paso, se comprime, respira y camina.
Un segundo después se levanta, toma sus bolsas de costal, se acomoda el libro que lleva en la bolsa que él adaptó para dicha labor, se despide del gusano con una reverencia y respira hondo, se contrae y da un paso.

Se contrae, respira hondo y da un paso.

Se contrae, respira hondo.

Se contrae.

1 comentario:

la_luminosa dijo...

gusanitooo! gusanitooo!