17 julio 2006

Recado.

Te dejé el lado derecho de mi cama, ya me habías dicho que preferías, por comodidad, tomar ese lado y ese día lo hiciste tan natural que podría asegurar que desde siempre sabías que llegaría a tu vida, me dijiste que me querías y lo último que recuerdo esa noche fueron tus ojos cerrandose cuando te cubrí con mi mano izquierda tu espalda desnuda y así llegó el sueño febril de tus manos y mis ojos llenándose de tu imagen tranquila y tu respiración lenta.

Por la mañana, con los primeros rayos que pegan sobre la cabecera de la cama, descubrí que no estuviste más de dos horas jugando a estar dormida, estoy cási seguro de haberme quedado dormido después de tu primer suspiro y efectivamente, no estabas. No me levanté, no intenté siquiera moverme, simplemente te habías ido y prometiste no regresar, acepté como válida tu excusa de mujer mayor y te solté al espacio mortecino de las calles y las rutas de viejas diligencias para que buscaras en ellas tu camino, es ahora cuando encuentro esta nota que dejaste olvidada, en el cajón donde dejaste también abandonados un cepillo de dientes y un sostén ahora roto por el recuerdo de nuestras noches...

Tu nota:
"Perdóname por no decidir a tiempo, mis hijos esperan en casa y creo que he cometido muchos errores que ahora estoy a tiempo de corregirlos, tomé tu coche prestado, te lo regreso cuando se agote la gasolina y los billetes que tomé de tu cartera"

Ahora el que despierta soy yo.
6.00 am.

1 comentario:

la_luminosa dijo...

seee, todas las mujeres son iguales.
Yo por eso nunca dejo recados.