En estos momentos es cuando sé que la confianza que te brindé no la supiste aprovechar, amorosamente me preocupa la situación que estamos viviendo, creo que ya me tomaste la medida y con cualquier pretexto prendes fuego a los pequeños papeles que te he dado, con cada llamada me desgarras una porción de corazón y aún sigo aquí, esperandote, soñandote, escibiendote, te dí las armas: me disparaste certeramente y sin aviso, quizá una o dos veces, estoy anémico, solitario, gris...
Tu distancia me acerca cada día más con el que me imaginó como habitante de este mundo y tiempo.
Las esperanzas de ver cada día el sol se desvanecen con el paso del tiempo, con las llamadas anónimas y con los recuerdos de viejos amores, tu silueta se difumina entre la espesura de mis pensamientos... y aquí sentado, suplicante y errante, te suplico que elijas de una vez por todas lo que quieres aquí, los meses pasan con extrema cautela, no quiero despertarme viejo y descubrir que la oportunidad de mi vida se alejó de mi por culpa de sus propios miedos malamente explicados y sin fundamentos en tiempo presente.
Si por causalidad -no casualidad- llegas a leerme pronto, espero que entiendas mis errores y que también aceptes los tuyos, bien me lo dijiste...
No creo en tu inseguridad, tu persona no la representa en lo absoluto, espero que dejes hacerte circo y tomes tus responsabilidades como la mujer que eres.
O.
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