04 agosto 2006

Prisas.

Se tardó lo suficiente para no darse cuenta que entre la bolsa de mi pantalón se había caído una foto de ella, apenas volteó para ver que pasaba yo había rodeado con mis pies la pose delatora:

Ahí estaba, con una mano sosteniendo el teléfono inalámbrico y con la cabeza hacia arriba, se le pueden distinguir bien las marcas que le dejé una noche anterior, el morado de la sangre molida en el cuello suele ser motivo de hilarantes historias de blusas mágicas o de perfumes malditos, quizá de alguna cadena o por algún cosmético mal fabricado. En la otra mano tomaba el celular, mismo que estaba tomando en ese momento su imagen, por lo que solamente se veía tu antebrazo y parte de su hombro.

Las sombras que se proyectaban debajo de sus pechos terminaron cautivando mis ojos, sus pezones estaban erectos, como a mi me gustaban, su piel estriada siempre fué motivo de discusiones eternas entre es tu cuerpo y me gusta así, prometí que no usaría la foto para otros fines que no fuera mi satisfacción nocturna.

Ahora me sirves para escribir.

Ahora, con ese gran poder de convencimiento que tienes, déjame enviarte esta imagen, que no hace más que recordar las tardes de invierno en las que mis lágrimas fueron testigo de caminos campestres y presas sin agua.

Alejandro.

1 comentario:

arboltsef dijo...

Este blog, igual al de Nila, me provocan muchísima curiosidad.

Les he estado leyendo y actualizándome poco a poco.

Un saludo, nada más era eso...