27 febrero 2006

Novena.

Y el tiempo pasó lentamente, cada una uno de los espacios permitía el paso del sonido y dejaba atrás el silencio, tus ojos eran prueba feaciente de la existencia de un Ser Supremo: Inundaban de luz todos los rincones de aquel bar.

Tus manos derramaban calor continuo, canta, canta e inunda con tu voz y presencia mi desolada y burda existencia, no dejes de cantar ahora, algún día ya no lo harás y dejaré de escucharte, tócame, bésame...

Esperaré el momento en que regreses a mi lado, lo esperaré con todas mis ganas.

No puedo dejar de pensar en ti.

Y.


O.

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