El velocímetro indica que tú y yo viajamos a 140 km/h, tu cabello dorado juega con espirales invisibles que forma el viento cuando entra por la ventanilla, tus manos apacibles describen figuras plásticas, de tus labios se desprenden melodías que me embriagan y hacen que pierda el control...
Un giro.
Otro giro.
Espiral infinita.
Deseo sublime.
Por fin se detiene el auto y me miras, estás agitada, respiras rápidamente y tomas mis manos, de nuevo siento ese choque eléctrico, te beso y me correspondes mordiendome los labios, te tomo por la cintura desabrochando en ese mismo momento mi cinturón de seguridad y te acerco a mi asiento.
Y.- ¿Te diste cuenta que estamos en sentido contrario?
O.- ¿Mhhh, importa mucho?
Y.- No.
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