Ayer me acordé de ti y las veces que salimos a tomar café después de clases, me acordé de cuando me contabas sobre tu novio y el pretendiente que tenías.
Me acuerdo de tus ojos y tu risa estridente que me encantaba hacer brotar de esa interminable boca, en la que me quería perder por las tardes, y esas caminatas nocturnas por San Ángel y tu departamento, tu hermano y el sillón del cuartito de tele, donde me quedaba a dormir cuando bebíamos y discutíamos sobre tus pocas ganas de tener una relación estable y el café amargo -que dejé de tomar para no acordarme de ti- de tu cafetera reciclada.
Ayer me dijeron que debí llamarte esa última noche que salimos, cuando te vi vestida de azul.
Debí llamarte y decirte que regresaras, que te debía un beso, debí decirte que te quedaras conmigo.
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