Zoraido Durango abrió los ojos, parecía que no lo había hecho en mucho tiempo, le pesaban los parpados como bolsas de arena mojada, encontró sus manos cruzadas reposando en su estómago, su boca apretada por el paño que le pusieron en su primera preparación para que no abriera la quijada por que nunca lo acompañó el rigor mortis mientras lo velaron por primera vez.
Ardían sus entrañas, despertar después de unos días de haber sido muerto por la mismísima mano del diablo no era más que el primer paso por el que su verdadero calvario comenzaba, ahora Zoraido había abierto sus ojos, para respirar por primera vez, otra vez.
Cuatro días pasaron desde que Zoraido despertó dentro de su primera tumba, había analizado cada uno de los nudos en la madera y conocía a la perfección las imágenes que se formaban con las rebabas de los remaches de su ataúd, sabía su naturaleza y les pidió que lo dejaran salir que él todavía estaba vivo y que el lugar en el que estaba era sólo para muertos, no para vivos o resucitados como él.
Expeliarmus est ramittas, et al.
Madera y tierra se abrieron con un destello, en forma de un trueno, otro trueno, una rayita en medio, hello, uno dos tres cuatro cinco seis, estamos todos.
1 comentario:
wow! es increible que esto tenga casi un año! que regrese zoraido!
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