Entonces Alejandro entró a la plaza con la idea de pedirle a cada uno de los que se paseaban entre regalos y gente que va y viene sin rumbo, tomó el periódico con las dos manos y caminó en dirección al café que ahora ocupa el espacio de la antigua fuente y tomó asiento en una de las sillas más apartadas, no había notado que sus manos estaban manchadas por la tinta, alguna vez le habían dicho que sus manos parecían una especie de elemento acuoso, ironía. Se concentró en mirar a los jóvenes que platicaban y recorría con la mirada los gestos de ella cuando el muchacho le contaba el último de sus encuentros amorosos y no había oportunidad de ser descubierto. Se frotó las palmas contra los pantalones y tomó aire, se levantó y dirigió su andar a la mesa de aquellos muchachos, ellos sorprendidos lo miraron y Alejandro buscó entre las bolsas de los pantalones un recuerdo pasado, tomó un papel arrugado y dejó caer unas monedas cuando lo sacó, lo extendió, lo frotó contra su chaqueta y se lo extendió a la joven delgada y de ojos grandes...
-Debe usted leerlo, no le pido dinero ni otra cosa, sólo léalo.
El papel contenía garabatos que a juicio de ella no eran más que eso, en ese instante ella regresó la mirada al hombre que momentos antes le tendió el papel y ya había desaparecido, sorprendida volteó a su izquierda para preguntarle a su amigo qué había pasado y también había desaparecido, asombrada y guardando un grito entre dientes se levantó, alzó la mirada y observó el umbral de una plaza que tenía un café en el fondo, donde antes había una antigua fuente, guardó el papel en sus pantalones y caminó en dirección a la mesa más cercana a la pareja que platicaba animosamente.
1 comentario:
Es el rey de bastos ofrecido en Gante, pobre hombre 52 cartas!!. Un beso.
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