Llovía fuertemente esa noche de septiembre, las gotas caían sobre los ventanales de la casa sin puertas y se juntaban, conjuraban historias y lentamente desaparecían en el ensordecedor ambiente generado por los innumerables destellos de luz que chocaban contra el tejado antiguo de la casa sin puertas...
"Casa sin puertas", decía el letrero colocado en el frente de dicho inmueble, "Admire usted...".
¿Quién?, no, estás equivocada, no es el teléfono de Luis, es el de Oscar, si de nada, ah no te escuchaba, bueno, bye.
No dejó de llover hasta finales de noviembre, tanta lluvia hubiera derrumbado la casa, la casa no sucumbió, siguió de pie y su dueño decidió construir por fin una puerta, no solo la luz entró con majestuosidad, el viento recorrió cada rincón de la casa hasta hacerla completamente suya, hubo sonido, hubo felicidad...
Un día el dueño de la casa decidió dejar la puerta abierta, imaginó que alguien llegaría y no tocaría la puerta, la imaginó amada, feliz, la imaginó para él, sólo para él.
Para él, para ella.
Para los dos.
1 comentario:
Cuando me tomas en tus brazos, cuando me miras, cuando me besas, me haces volar, salir de lo terrenal, creas un mundo para los dos. Te amo!!
Tú nena.
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