Tiene unos dos meses que no escribo, cosa que no me había puesto a pensar hasta ahora que estoy en casa de mi abuelo, sentado en una de las alas de la mesa de vidrio que hace las funciones de mesa principal familiar.
Me cuelgo del internet de mi prima, le voy a dejar una computadora vieja para que termine sus deberes navideños y forme parte del escolar colectivo, que imprima las mil hojas que copiará de la wikipedia sin quitarle el via y las referencias a otros artículos de la citada enciclopedia.
Traigo desde hace rato en la cabeza el post que publicó uno de los participantes de Recolectivo, Salaverga, el muy inteligente habla un poco sobre la utopía de legalizar el cannabis en México y unas cuantas ideas vagas sobre lo que necesitamos para hacer un Restart al país, no voy a decir que me encantó y que lo impriman para llevarlo impreso en la bolsa llena de papeles de la cartera que les regalaron en navidad, pero si la curiosidad les gana, el post está aquí.
No pasé a dedicar buenos deseos para todos este año, sólo les hice unas tarjetas a los niños de la nueva escuela para que me vean como la figura paterna -?- con la que me recibieron desde que entré ahí...
27 diciembre 2008
25 diciembre 2008
23 noviembre 2008
13 noviembre 2008
03 noviembre 2008
23 octubre 2008
21 octubre 2008
20 octubre 2008
Una semana.
Sólo una semana necesito para rehacer este chiquero mundano, sólo una semanita.
Desde hace un rato que vengo diciendome que me voy a largar a estudiar a otro lado del mundo y creo que ahora la veo más clara, en unos cuantos meses estaré entrometido en todos los planes que vengo haciendo desde que le dije adiós a los verdes, unos van lentos y los otros poco a poco van haciendose realidad, mientras tanto, como música de fondo dejo mi situación de faldas, que muchos dolores de cabeza me ha causado ya entre los que sí y que no, y más que no.
Es la 1.29 am de un Lunes 20 de octubre, tengo una semana justita, apretadita, para terminar de atar los últimos lazos y ver cómo sale el experimento.
Desde hace un rato que vengo diciendome que me voy a largar a estudiar a otro lado del mundo y creo que ahora la veo más clara, en unos cuantos meses estaré entrometido en todos los planes que vengo haciendo desde que le dije adiós a los verdes, unos van lentos y los otros poco a poco van haciendose realidad, mientras tanto, como música de fondo dejo mi situación de faldas, que muchos dolores de cabeza me ha causado ya entre los que sí y que no, y más que no.
Es la 1.29 am de un Lunes 20 de octubre, tengo una semana justita, apretadita, para terminar de atar los últimos lazos y ver cómo sale el experimento.
19 octubre 2008
La diferencia.
Ayer en la noche, platicando con una gringa chaira rastuda ojiverde en las calles de gto me quedé asombrado del asombroso parecido entre las elecciones estadounidenses y las que se celebraron hace dos años aquí, en México; la muchachita me platicaba sobre las grandes diferencias políticas entre las personas de los grandes centros urbanos y la gente que vive en el campo, así como la desigualdad de derechos, supuestamente eliminada, entre las personas de diferentes orígenes étnicos. La verdad me quedé muy sorprendido de lo que me platicó, entre chela y chela conseguimos dónde ver un video de unas personas eh Ohio, políticamente inclinadas a McCain/Palin, calidad de personas, mire usted:
El asunto no termina aquí, lo impresionante viene cuando busco más videos y por azares encuentro uno, perfectamente acomodado entre la lista de similares al video que acaban de ver:
Todo un héroe nacional para los amarillos, un profeta, maestro, filósofo y meditador profesional.
Y uno más, de mis domingueros favoritos, que dice todo y no dice nada:
Bueno, me desvié mucho del tema, el asunto es que los seguidores de McCain, por lo menos los de Ohio son unas finísimas personas, inteligentísimas y domingueras.
Quería usar la palabra autoritario, pero con los dos eruditos de los videos anteriores se me apagaron las ganas.
Se llamaba Sophia, ja.
17 octubre 2008
15 octubre 2008
1
¿Cómo te describo?
Ahí estás, colocada en una perfecta pose detrás de una cámara, mirando el destello instantáneo, el chisporroteo de las luces que brincan del filamento a tus ojos, retadores, brillantes. Supongo que en ese momento imaginaste al que querías, invitándolo a dejar la cámara y tomarte la cintura, pidiendo a gritos que te besara los rosas labios, después de asegurarle con una mano en su espalda que tú eres su elegida, que el tiempo no podrá separarlos y que esperarás paciente su regreso. Una sonrisa dibujada en tu cara: claro signo de que te tiene tonta, que es tu primer gran amor y se lo quieres dejar listo para ponerse en una hoja de papel fotográfico.
Ahí estás, cabello corto, como hace mucho no lo usas, los rebeldes siempre en donde no deberían estar y tu ahí, como te había descrito, en el momento preciso que tomaste la foto que se quedó grabada en mis pupilas dilatadas en respuesta a lo que intentas ocultar, y que intenté encontrar sin vuelta atrás.
Ahí estás, colocada en una perfecta pose detrás de una cámara, mirando el destello instantáneo, el chisporroteo de las luces que brincan del filamento a tus ojos, retadores, brillantes. Supongo que en ese momento imaginaste al que querías, invitándolo a dejar la cámara y tomarte la cintura, pidiendo a gritos que te besara los rosas labios, después de asegurarle con una mano en su espalda que tú eres su elegida, que el tiempo no podrá separarlos y que esperarás paciente su regreso. Una sonrisa dibujada en tu cara: claro signo de que te tiene tonta, que es tu primer gran amor y se lo quieres dejar listo para ponerse en una hoja de papel fotográfico.
Ahí estás, cabello corto, como hace mucho no lo usas, los rebeldes siempre en donde no deberían estar y tu ahí, como te había descrito, en el momento preciso que tomaste la foto que se quedó grabada en mis pupilas dilatadas en respuesta a lo que intentas ocultar, y que intenté encontrar sin vuelta atrás.
08 octubre 2008
El metrobús.
Distante y tardío, los minutos pasan mientras el frío que entra de Insurgentes le recorre el cuerpo, lo toma de sorpresa, sube por su pierna derecha, jugando con su pantalón de señor de oficina y llega hasta su estómago, ahí, estómago y frío bailan mientras el poseedor del cuerpo intenta amainar tremenda sensación mientras frota sus palmas contra sus antebrazos, como abrazándose, piensa él mientras mira el escote de la blusa de la flamante chica que seguramente irá a refugiarse de las miradas lascivas de los hombres y pocas mujeres que se atreven a mirarle el escote que esconde detrás un par de pezones duros, por el frío, dice ella.
Un minuto pasa mientras él con sus miradas, sus abrazos a sí mismo y sus observaciones sobre el mundo en general le hacen recordar que espera el articulado, uno, dos vagones y subirse, empujarse los unos contra los otros y cantar el lamento del citadino, luchar contra su propia física y desafiarse para compartir el mismo espacio en el mismo lugar, en el mismo tiempo. Él corre, golpea con sus codos a la muchacha de los pezones duros y sale victorioso de una lucha de miradas contra otro citadino que intentó ganarle el lugar, los asientos son para todos, pinches viejas no se los merecen, querían igualdad, ¿no?, piensa el joven mientras mira de reojo su reloj, cuarto para las nueve, puta madre, otra vez tarde.
Ruidos de ciudad, un señor que se sube a pedir al metrobús, una niña que se arrastra entre los pulidos zapatos de la gente de Insurgentes, un par de novatos de vida riéndose de un calvo y un grupo de amigas que se autonombran zorritas.
Trece estaciones, unas más, no más… Llegar a tal estación para tomar el camión hacia vallejo es acto de malabarismo puro, es enfrentarse a su propio ser y buscar el tótem. Y ser uno con el camino, el polvo, las tarjetas electrónicas y el buenos días, acompañados por el sonido de inicio de Windows, con una taza de café con sabor a calcetín.
Puto metrobús.
Un minuto pasa mientras él con sus miradas, sus abrazos a sí mismo y sus observaciones sobre el mundo en general le hacen recordar que espera el articulado, uno, dos vagones y subirse, empujarse los unos contra los otros y cantar el lamento del citadino, luchar contra su propia física y desafiarse para compartir el mismo espacio en el mismo lugar, en el mismo tiempo. Él corre, golpea con sus codos a la muchacha de los pezones duros y sale victorioso de una lucha de miradas contra otro citadino que intentó ganarle el lugar, los asientos son para todos, pinches viejas no se los merecen, querían igualdad, ¿no?, piensa el joven mientras mira de reojo su reloj, cuarto para las nueve, puta madre, otra vez tarde.
Ruidos de ciudad, un señor que se sube a pedir al metrobús, una niña que se arrastra entre los pulidos zapatos de la gente de Insurgentes, un par de novatos de vida riéndose de un calvo y un grupo de amigas que se autonombran zorritas.
Trece estaciones, unas más, no más… Llegar a tal estación para tomar el camión hacia vallejo es acto de malabarismo puro, es enfrentarse a su propio ser y buscar el tótem. Y ser uno con el camino, el polvo, las tarjetas electrónicas y el buenos días, acompañados por el sonido de inicio de Windows, con una taza de café con sabor a calcetín.
Puto metrobús.
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