Decidí ponerme mis mejores vestidos, pero aún no sé como lo haré, tengo que llegar al mejor lugar para bailar...
Aquí.
Camina sobre una plataforma sostenida por un solo pilar, brinca, deslízate entre la siguiente letra, disfruta el corte, E, una O cortada… Viene el espacio, silencio, el vacilar entre querer decirlo todo y quedarse callado, el necesario ritmo del lenguaje, el espacio para pensar más de dos veces qué es lo que se desea, qué es lo que se espera.
Enseguida los brazos abiertos, dispuestos al mejor tiempo, al esperar, al desear, al querer y dar, afilada punta, A, con cuidado que comienza la palabra y ya no hay marcha atrás. Felicidad, saltos y recorrer caminos, bien sostenidos, la m, tres, para formar una completa familia, unidos y siendo uno solo, pero cada uno parado en el lugar que le corresponde. Y llegan los ciclos, los altibajos, la definición de que las cosas se hacen de manera recíproca, trazando pequeños círculos y definiéndonos dentro de nosotros, dentro de nuestra íntima definición de perfección, de lo que nos damos el uno al otro y de precisas dimensiones, de lo que definimos como nuestro.
Y léelo bien:
Te amo.
Y se esconden tantas cosas tras las palabras…
-...Porque dicen que anoche lo vieron, con un tremendo vacilón. ¿Quién te lo dijo, nene? me lo dijo Adela, me lo dijo Adela.-
Tupidocho se incorpora, la vaca se le acerca, y él hábilmente toma un pan Bimbo y le dice:
-No lastimarías a alguien que esta cargando un pan Bimbo, ¿verdad? ¡Sabes lo que le puede pasar al pan Bimbo!-
[voz en off]
El pedazo de pergamino antiguo se despegó de la espalda hinchada de Don Zoraido, recien había salido de su primer sepulcro, que no primera tumba, tumba sólo una.
[Fin de la voz en off]
-¡Quiten estos pedazos de pergaminos de mi cuerpo!, reclamaba don Zoraido después de que lo encontraron empolvado y con las greñas en la cara, pegadas con el sudor de su frente y con los ojos desorbitados, que se había escapado de su primer sepulcro.
En Aluquermeca se hicieron toda clase de especulaciones sobre la forma de cómo él salió del sepulcro. Noches enteras los aldeanos pasaban entre café y café platicando sobre la resurrección de Zoraido, unos mandaron cartas a París pidiendo opinión médica, otros rezaban y cantaban las líneas del Apocalipsis, después del Maestro, nadie más había resucitado hasta ahora, con Zoraido se había demostrado que las personas comunes también podían resucitar, bueno, por lo menos él.
انا ننتظر اللحظة التي تساوي واحدا آخر يصل في منى
-El mensaje de la Imagen debajo del Servicio
Allí estábamos, en el último piso del edificio del 373, con el viento jugando entre nuestra ropa y una vista preciosa de nuestro valle, a oscuras y con leves suspiros de luces y agonizantes destellos.
Te abracé, abrasé.
Y no te he soltado.