Escribo esto con la mano derecha mientras cepillo mis dientes con la otra, está puesto el último disco de Elan y hay una manzana guardada en el cajón del mueble donde también guardo mis calcetines y mis calzones.
En este mismo mueble están guardadas un par de bragas, unos calcetines, una carta con restos de lágrimas o agua y una bufanda, el juego de ropa no pertenece a la misma persona y estuvo en aumento hasta hace casi un año, donde por convicción dejé de creer en esa madre del romance y las novias y las cosas rosas y las pendejadillas complicadas.
En el camino de regreso, después de escupir toda la mierda que se espumó en la boca por el cepillo, la pasta y mis fierros, abro el cajón donde guardo la manzana de plástico y me cago de la risa acordándome de la noche que borrachísimo, intenté hacerle un hoyo para ponerle mota y fumar.
Lo único bueno que conservo de bueno en ese mueble, definitivamente, no son las bragas, ni las cartas, ni mis calzones; lo bueno que tengo ahí es una impresión de 4 dientes inferiores, regularmente chuecos, puestos como un frondoso recuerdo en la manzana de plástico, de una mujer liviana.
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