El asunto radica en que mientras me besas no dejo de pensar en las infinitas posibilidades que tengo para poder acariciarte, o tomarte de la mano, o apretarte con mis brazos y dejarte sin aire.
No debería decirlo, pero mujeres como tú en mi vida las cuento con un quinto de los dedos de mi mano derecha, y creeme que amar esa protuberancia tuya e intentar desaparecerla después de cada beso y durante, y antes, me ha generado un estado inmesurable de calma y me ha llenado de ganas por seguir buscando más de lo que soy.
Y me haces feliz, como hace mucho, mucho, mucho, mucho, mucho tiempo alguien no lo hacía.
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