A veces me da por sentarme a media noche a ver la luna, mientras escucho alguna canción en el iPod.
Me acuerdo de las noches que pasamos juntos, pensando en lo maravilloso que sería nuestro futuro juntos, que compartiríamos triunfos, mientras nos lamentaríamos los fracasos del otro y nos burlaríamos del incierto camino que caminaríamos encima de los zapatos del otro, mojando nuestras ganas con mate y un cuentito pequeño de Julio, sabiendo que él se burlaba ante todo de nosotros, de los que lo leemos con atención intentando descifrar lo que se descifra cuando uno lee a Cortazar.
Una vez, cuando regresábamos de dejar a la muchacha de la vuelta y serpiente, me contaste al oído que no era otro más que el que no estábamos buscando, ésa noche fue una de las más tristes que he pasado.
Cuando por fin te decidas a terminar con el alboroto que hiciste removiendo el fondo calmo del río con los peces dorados, regresa por favor a tu momento cabal, recapacita sobre lo que me prohibiste hacer y déjame en paz, que años perdidos y por regresar necesito recuperar como si fueran llaves perdidas en un armario con ratas y arañas, que si los coros nos encuentran en los primeros cinco minutos de ejercicios matutinos un gran problema renacerá de las más profundas historias de fantasmas y un tejido blanco, que aguarda dentro de la cortina que está a punto de abrirse, justo cuando anuncian la tercera llamada.
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