Caminando lento, con pasos cansados y la vista nublada por el arduo camino, por cruzar el último sendero que lo llevaría de nueva cuenta al valle de los molinos de viento; eternos enemigos, compañeros opuestos de batalla y al mismo tiempo caminantes como él, dispuestos a cambiar, si fuera por ellos posible, la misma dirección del viento, como desafiando a Dios.
Llegamos de nueva cuenta, más viejos, más cansados, con nuestras armas pesando cada vez más y con los sueños rotos.
Pero llegamos.
A por los Molinos.
A por los Molinos.
1 comentario:
ay algo valioso que aprender de ese quijote; que siempre andando con bandera de merolico, traía las ideas mas puestas que su silla de montar. Señal de que andamos...
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